{"id":3325,"date":"2023-12-20T13:11:04","date_gmt":"2023-12-20T18:11:04","guid":{"rendered":"https:\/\/manosvisibles.org\/?p=3325"},"modified":"2023-12-20T13:11:06","modified_gmt":"2023-12-20T18:11:06","slug":"de-abismos-y-maternidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/blog\/de-abismos-y-maternidades\/","title":{"rendered":"De abismos y maternidades"},"content":{"rendered":"<p>Algunas de las definiciones de <em>abismo<\/em> que encontramos en la RAE son las siguientes: profundidad&nbsp;grande,&nbsp;imponente&nbsp;y&nbsp;peligrosa,&nbsp;como&nbsp;la&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;mares,&nbsp;la&nbsp;de&nbsp;un&nbsp;tajo,&nbsp;la de una&nbsp;sima,&nbsp;etc.&nbsp;Realidad&nbsp;inmaterial&nbsp;inmensa,&nbsp;insondable&nbsp;o&nbsp;incomprensible. Otra acepci\u00f3n de abismo que aparece en el diccionario de la RAE es: Infierno (lugar de castigo eterno) Maldad, perdici\u00f3n, ruina moral.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos frente a la novela de la escritora colombiana Pilar Quintana titulada <em>Los abismos, <\/em>y ya desde esa enunciaci\u00f3n se nos evoca un espacio profundo y hosco. La novela se abre y se extiende a la oscuridad, a la profundidad, a un precipicio. Honduras, dolores, hast\u00edos, cargas, en la vida y los cuerpos de las mujeres; Una narraci\u00f3n marcada por las ausencias, los silencios, y a la vez, por el peso de aquello que no logramos despojar de nosotras, eso que est\u00e1 por encima de nosotras, aquello que nos abarca, nos inunda y sobrepasa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los abismos<\/em> y luego en la primera p\u00e1gina est\u00e1 \u201cla selva\u201d, un apartamento, Cali.&nbsp; Una ni\u00f1a, una mu\u00f1eca, una madre, una abuela, un padre casi invisible, como una sombra (pero que decide, demanda, impone). Una madre que dice no querer ser como su madre. Una madre que lee revistas de moda y frivolidades. Una madre, que antes de ser madre, cuando joven, dice a su padre que quiere ir a estudiar a la universidad, a lo que \u00e9l responde tajantemente que no, <em>que lo que hacen las se\u00f1oritas decentes era casarse y que cu\u00e1l universidad ni Derecho ni qu\u00e9 ocho cuartos.<\/em> Una ni\u00f1a mirando a su madre. Una ni\u00f1a que pregunta a su madre si es bonita, si es fea. Una madre que insiste \u201cyo no soy como mi mam\u00e1\u201d. Distancias, lejan\u00edas, vac\u00edos, cansancios, abismos insondables\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen evocada por los abismos (lo imponente, peligroso, lo inescrutable, lo incomprensible\u2026) se va trenzando profundamente con los personajes femeninos, con la relaci\u00f3n entre ellos. Especialmente una ni\u00f1a que observa qu\u00e9 sucede con las mujeres que la rodean. Las muertes que la rodean. La novela es sobre todo la relaci\u00f3n de una ni\u00f1a con su madre, la relaci\u00f3n de una ni\u00f1a con sus referentes femeninos. Claudia pregunta. Claudia sola. Una ni\u00f1a. Una ni\u00f1a, una mu\u00f1eca.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nos imaginamos entonces los abismos como una ca\u00edda sin fin. \u00bfUna selva puede ser un abismo?, \u00bfuna familia puede ser un abismo?, \u00bfun matrimonio?, \u00bfuna mujer?, \u00bfuna casa?, \u00bfun hogar?, \u00bfuna madre guarda abismos?, \u00bfestamos habitados por abismos?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La obra bordea los abismos de las maternidades, de las mujeres, y la manera como \u00e9stos se extienden y perpet\u00faan hacia los abismos de las infancias, los abismos de las familias. En ese sentido, nos permite reflexionar sobre los precipicios a los que nos lanzan, a los que somos impulsadas las mujeres, a los que son empujadas las ni\u00f1as. Los abismos de una mujer casada, los abismos paternos, los abismos entre una ni\u00f1a y su madre, entre una madre y su propia madre, los abismos de los cuerpos de las mujeres, <em>los abismos del silencio<\/em>\u2026 Aquellos abismos que son exigencias, obligaciones, y aquellos que vamos encontrando en el camino y que alimentamos, y de los que nunca podemos escapar.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Muerte y suicidios. Territorios abismales. \u00bfPuede derrotarse un abismo? Depresi\u00f3n, soledad, tristeza, orfandad. \u00bfC\u00f3mo se expresa un abismo? Un abismo sugiere una ca\u00edda, una p\u00e9rdida, un hundimiento, desaparecer, desdibujarse. Una separaci\u00f3n, una ruptura, un desquebrajarse. <em>Pap\u00e1, \u00bfhay gente que no quiere vivir? <\/em>Claudia, la ni\u00f1a, pregunta, indaga, observa. Atenta a la muerte y la d\u00e9bil y opaca vida que la bordea. La ni\u00f1a y las formas de los abismos. Las referencias son contundentes: Karen Carpenter se mat\u00f3 de hambre, la princesa Grace de M\u00f3naco se tir\u00f3 por un barranco, Natalie Wood ahogada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y la voz de la madre <em>\u2013Estaba cansada de las obligaciones \u2013repiti\u00f3<\/em>. Las repeticiones de la madre, no ser como su madre, las obligaciones, el cansancio. <em>Entonces, Gloria In\u00e9s se mat\u00f3. <\/em>Otra muerte, la continuidad de los abismos. Mujeres muertas. Los abismos perpetu\u00e1ndose en las revistas, en las noticias, en la vida real. La oscuridad absorbiendo todo. Luego otro referente, otra mujer \u201cdesaparecida\u201d. Rebeca. La desaparecida. La narraci\u00f3n sigue avanzando sobre las ausencias, sobre lo que no est\u00e1. Sobre mujeres que no est\u00e1n, que han preferido irse, que han sido empujadas a irse, a abandonar la vida.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El pap\u00e1 decide que se vayan una temporada a una finca. Un camino en carro hacia la finca, bordeando una ca\u00edda. La ni\u00f1a pregunta <em>\u00bfQu\u00e9 pasa si nos caemos?<\/em> Una carretera por donde personas se han despe\u00f1ado, cruces, muerte. Irse a una finca para huir, pero, \u00bfse puede escapar de los abismos? La ni\u00f1a pregunta: &#8211; <em>\u00bfY qu\u00e9 crees que pas\u00f3 con Rebeca?<\/em> Responde la madre contundente: <em>-Que quer\u00eda desaparecer<\/em>. Y la ni\u00f1a sigue: <em>pens\u00e9 en las mujeres muertas. <\/em>Una ni\u00f1a y las mujeres muertas. Los abismos bordeando a la ni\u00f1a, a la madre, a las mujeres. Y m\u00e1s adelante: <em>Mir\u00e9 a mi mam\u00e1 que estaba inclinada como yo hacia el abismo. <\/em>Luego, dice la ni\u00f1a al borde del barranco: <em>Vi mi cuerpo cayendo hacia la nada verde que hab\u00eda all\u00e1 abajo.&nbsp; <\/em>La tentaci\u00f3n del abismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se nos ha dicho que nunca se ha encontrado el cuerpo de Rebeca. Y avanzada la novela aparece. Encuentran el cuerpo muerto. No hay salida en los abismos. A lo que la madre dice &#8220;Ella<em> s\u00ed lo supo hacer bien.<\/em> La madre, ebria, deprimida. Queriendo tambi\u00e9n desaparecer, darse por vencida, entregar el cuerpo por completo al abismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Acerc\u00e1ndonos al final de la novela nos dice la ni\u00f1a, la narradora:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Entonces lo vi en sus ojos. El abismo dentro de ella, igual al de las mujeres muertas, al de Gloria In\u00e9s, una grieta sin fondo que nada pod\u00eda llenar.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Paulina, la mu\u00f1eca, presencia que ha estado acompa\u00f1ando a la ni\u00f1a. Cuerpo sobre el que la ni\u00f1a puede decidir, y lo hace, la lanza a ella: que se tir\u00f3, que se suicid\u00f3 por el barranco, <em>porque ella no quer\u00eda seguir viviendo. \u00bf<\/em>La madre no quiere seguir viviendo?, \u00bfno quiere seguir viviendo la ni\u00f1a? \u00bfNo quer\u00edan seguir viviendo las mujeres muertas? La decisi\u00f3n de la muerte. En ese gesto de lanzar la mu\u00f1eca, \u00a1hay tanto que quisiera lanzar la ni\u00f1a!<\/p>\n\n\n\n<p>Llorar, abrazar, consolarse. Con la t\u00eda Amelia la ni\u00f1a se desahoga. Abrazarse y llorar juntas. Luego la madre dice:&nbsp; <em>-Yo s\u00e9 que no he sido la mejor mam\u00e1. <\/em>Pero solo responde el silencio de la ni\u00f1a.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante la familia retorna a la finca al velorio del cuerpo de Rebeca. Retorna a la muerte de una mujer, al pasado. <em>Mi pap\u00e1 sigui\u00f3 mudo. El monstruo, lo sent\u00ed en su respiraci\u00f3n agitada, asom\u00e1ndose. <\/em>En el camino de regreso a Cali, en medio de la neblina que los cubre dice:&nbsp; <em>est\u00e1bamos en el borde del precipicio. El abismo nos llamaba, nos jalaba.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSe puede escapar de los abismos? \u00bfEs posible vencer los abismos?<\/p>\n\n\n\n<p>Va finalizando la novela y la ni\u00f1a y la madre intentan salvar las distancias. La mam\u00e1 intenta trabajar, la ni\u00f1a pide apoyo para una tarea. Nada funciona. No lo consiguen: <em>porque a mi mam\u00e1 nada le importaba, ni yo ni mis tareas, solo sus revistas y su cama, que se la pasaba todo el d\u00eda acostada y sin hacer nada.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El p\u00e1rrafo final concluye con la ni\u00f1a arriba, en el borde de la escalera-abismo, pero uno peor: <em>se me hizo m\u00e1s abismal que el precipicio de la finca, m\u00e1s escarpada y terrible<\/em>. No es una casa, es un abismo, no es un hogar, es un abismo, no es una madre es un abismo. No es la vida lo que est\u00e1 frente a ella, son los abismos.&nbsp;&nbsp;Para cerrar, la novela <em>Los abismos<\/em> nos habla de la distancia insondable entre la vivencia deseada y las imposiciones sobre los cuerpos femeninos. Transitar la vida entre la palabra negada y la palabra reveladora. La palabra negada, familiar, social, que no menciona las transgresiones a los cuerpos y a las voluntades primordiales, la palabra que niega la fragilidad humana, la que no permite ver cara a cara las realidades profundas y que encierra en s\u00ed misma la reproducci\u00f3n de las l\u00f3gicas patriarcales. En cambio, aparece en contraposici\u00f3n esa otra palabra potente y develadora de las Claudias; la Claudia madre que se permite hablar sobre lo que duele en las vidas y muertes de las mujeres, que permite dar voz al hast\u00edo y dar cuerpo al quebrantamiento. La Claudia hija que pregunta, que se asombra, que espera, que observa, que nombra la enfermedad abismal de su madre, que reclama respuesta y acci\u00f3n. Claudia, la ni\u00f1a, esa infancia desolada, determinada por una maternidad tambi\u00e9n afectada y, que, a su vez, ha heredado sus propios precipicios. La novela, a partir de la voz de una ni\u00f1a, es la posibilidad para nombrar aquello de lo que se prefiere no hablar, pero, lo sabemos muy bien las mujeres, aquellos abismos de los que buscamos liberarnos, y los que cada d\u00eda confrontamos desde el arte, la literatura, desde la escritura y la palabra, desde la vida misma.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas de las definiciones de abismo que encontramos en la RAE son las siguientes: profundidad&nbsp;grande,&nbsp;imponente&nbsp;y&nbsp;peligrosa,&nbsp;como&nbsp;la&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;mares,&nbsp;la&nbsp;de&nbsp;un&nbsp;tajo,&nbsp;la de una&nbsp;sima,&nbsp;etc.&nbsp;Realidad&nbsp;inmaterial&nbsp;inmensa,&nbsp;insondable&nbsp;o&nbsp;incomprensible. Otra acepci\u00f3n de abismo que aparece en el diccionario de la RAE es: Infierno (lugar de castigo eterno) Maldad, perdici\u00f3n, ruina moral.&nbsp; Nos encontramos frente a la novela de la escritora colombiana Pilar Quintana titulada Los abismos, y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3328,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-3325","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-blog"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3325","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3325"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3325\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3330,"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3325\/revisions\/3330"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3328"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3325"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3325"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/manosvisibles.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3325"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}